A continuación podéis leer tres microrrelatos, tres píldoras narrativas sobre tres temas muy humanos: la tentación, la ambición y el deseo de aparentar más conocimientos de los que uno tiene.
El primero es una microficción extraída de La Odisea, de Homero. El segundo texto es de Feng Meng-lung, un escritor chino que retrata hasta qué punto el ser humano ambiciosa siempre quiere más. Y el tercero refleja las habituales disputas entre personas que nada saben de un tema. Algo muy habitual, ¿verdad?
Las sirenas (Homero)
Las sirenas hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las sirenas, ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan estas con su sonoro canto, sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Odiseo: haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a este las amarras-, para que escuches complacido, la voz de las dos sirenas; y si suplicas a tus compañeros o les ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas.
La odisea, siglo VIII A. C.
Microrrelato de Feng Meng-lung: El dedo
Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.
–¿Qué más deseas, pues? –le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.
–¡Quisiera tu dedo! –contestó el otro.
Microrrelato de Luis Antuñano: Polemistas
Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que Cabrera ignora su analfabetismo; afirma que la palabra trara* no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.
–Pago la copa para todos –le dice el santiagueño– si escribe trara.
–Se la juego –contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.
De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia:
–Clarito, trara.
CANTINELA, un microrrelato de Joris Karl Huysmans
Solo vine a hablar por teléfono | Gran relato de García Márquez
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