Como corrector de estilo nunca te harás rico

Por si hiciera falta decirlo, como corrector de textos nunca te vas a hacer rico.

No, no es mi intención desanimar a aquellos que quieran dar sus primeros pasos como profesional de la corrección de textos. Nada más lejos de mi interés. Ya expliqué en Cómo me hice corrector de textos que para mí la corrección de estilo es una profesión muy edificante, moderna y con buena salida: se escribe mucho hoy día y, por tanto, es necesario que alguien haga la labor de corrección. Los correctores de manuscritos no van a desaparecer nunca (al menos que desparezca la humanidad, que al paso que vamos….).

Yo estoy encantado de ser corrector de estilo, pero…

Convertirme en un corrector de estilo profesional es una de las mejores cosas que me han ocurrido. Pero este trabajo artesano, insisto, no es el ideal si quieres hacerte rico.

¿Por qué? Porque, como ya he dicho en más de una ocasión, lo que el corrector vende son conocimientos, y suele tarifar según el tiempo que le lleve aplicar esos conocimientos en un texto. Como el tiempo no es ilimitado, la corrección de estilo no es escalable. Puedes dedicarle un tiempo concreto a tu trabajo, y a partir de ahí no puedes escalar los beneficios.

La corrección de estilo, además, es un trabajo más o menos lento. Antes de empezar a corregir, tendrás que acordar con el cliente (por teléfono, por email, en persona…) la tarifa y el tipo de corrección. Esto puede llevar su tiempo. Luego, si te aceptan el presupuesto, tendrás que entrar en materia. Pero, ojo, si has tarifado el precio de la corrección de una novela, por ejemplo, de 50.000 palabras, en realidad tendrás que leer y corregir 100.000 palabras, pues en la primera revisión vas a eliminar muchos errores, pero no todos. Es conveniente hacer, como mínimo, un par de revisiones. Yo hago dos revisiones y luego hago una tercera, que consiste en buscar errores habituales, sin necesidad de volver a leer, en esta tercera ronda, el texto completo, palabra a palabra.

Y no olvidemos la cobertura que le prestas al autor por email. Algunos clientes hacen pocas consultas, pero otros preguntan mucho. Y no te extrañe si alguno te lleva la contraria y tienes que argumentar algunas de tu intervenciones. Algo que no es malo, por otra parte, y yo diría que, dentro de ciertos términos, es incluso lógico.

Mención aparte es el apartado burocrático. Si eres un corrector profesional y haces bien las cosas, serás autónomo y harás factura a los clientes, además de hacer los trimestrales (cada tres meses, obviamente) y la declaración de la renta. Un «papeleo» que a quienes somos gente de letras no suele gustarnos demasiado.

¿Quieres que hablemos del tiempo que el corrector dedica a captar clientes? ¿O las campañas de publicidad que a lo mejor debas hacer? Mejor no, no quiero desanimarte demasiado.. Mejor lo dejamos para otro día. 🙂

En fin, por lo general el tiempo que habías estipulado para la corrección del manuscrito de turno suele quedarse corta. Y así debe ser, creo yo. Tarifar hasta el último minuto de tu trabajo es de lo más antipático. A algunos ya les parecerán caros tus precios (y los de todos los correctores), como para que además añadas un extra.

Igual te va la marcha

En fin. Lo dicho: proceso lento, una tarifa por horas que no suele ser alta, autores que aún desconfían del corrector de estilo, mucha competencia.

Y, además –si no te lo ha dicho nadie, te lo digo yo ahora–, aunque te vaya bien y tengas una buena clientela, es posible que algunos meses la cosa ande floja. Sin ser una profesión estacionaria, la corrección de textos tiene muchos picos de mayor o menor demanda. (¡Y que me aspen si sé, después de tantos años, a qué se deben estos altibajos tan pronunciados).

En fin. Déjame darte un consejo: hazte corrector de estilo solo si te apasiona este trabajo. Es este un oficio de artesanía que requiere profesionales con vocación. Te puede resultar un consejo manido, pero es cierto. Si no tienes vocación por mejorar los textos de los clientes y te adentras en este oficio solo a ver qué pasa, a ver si te ganas algo de dinero, a ver si no te desagrada mucho, es posible que salgas escaldado.

El oficio del corrector de estilo, como el del escritor, puede ser muy ingrato. Ser escritor profesional es muy difícil, pero en esta faceta sí puedes hacerte millonario si escribes superventas o si ganas premios importantes. Como corrector freelance, nunca, nunca, nunca serás millonario.

Pero, bueno, si te va la marcha, a lo mejor la corrección de textos lo tuyo. :–)

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de estilo

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