Vivir sin Internet

vivir sin Internet

Cinco días después de dar el primer parte de avería, seguimos en el dique seco, abandonados a nuestra suerte, huérfanos de un salvífico técnico de la compañía telefónica –o en su defecto un psicólogo– que se acerque a nuestro hogar para sacarnos de la ciénaga. Y aquí estamos, comunicándonos con nuestras amistades vía palomas mensajeras.